
Un año y tres meses pasaron desde aquel día que soñé por primera vez cruzar los andes. El desafío no era sólo una carrera. Conseguir una vacante ya era una tarea difícil. Constantemente había que estar pendiente de la fecha de apertura para las inscripciones porque era sabido que en el mismo día se agotarían. Y así fue. Bastaron tan sólo unas pocas horas para que todas las vacantes se agotaran. Y yo no iba a ser uno de los que lamente no estar en esta séptima edición. Por lo tanto, el día de la inscripción, celular de por medio con otros interesados que estaban en idéntica situación, y pendiente de la aparición de link en la página del Club de Corredores, pase la mañana entera. Fue a eso de las 10 AM que pude ingresar al link. Apurado, intentando no equivocarme en ningún dato, complete el formulario. Me anote, junto a un conocido de un amigo, con quien apenas había cruzado un saludo en el parque Sarmiento, cruce los dedos y envié el formulario. Ante la no respuesta del club de corredores, confirme la inscripción vía telefónica y deposité la primer cuota del abultado costo de inscripción. Todavía faltaba casi un año, por lo tanto muchas cosas podían acontecer, y asi fue que sucedió. Primero una lesión en la Fase latea, me dejó sin entrenar. El lento proceso de recuperación me carcomía la cabeza. No, dejaba nunca de doler y seguían pasando los meses. Una vez ya recuperado, entrenando y corriendo en diferentes carreras, llegaba el momento del pago de la segunda cuota. Yo había perdido todo contacto con Claudio. (sabía por medio de mi amigo que había tenido varios inconvenientes personales y que posiblemente no pudiese ir a Bariloche). Esto no hacía mas que complicar las cosas y atentar contra mi sueño. Volviendo del parque avellaneda, con mi amigo y compañero de aventuras, Gerchy, le comento mi problema. El estaba entrenando hacia poco menos de tres meses conmigo, se había enganchado en todo lo que era Running, y siguiendo los instintos asesinos y adictivos de esta actividad, había corrido su primer media maratón, semana después de haber corrido sus primeros 10 k. Antes de bajarme de su camioneta le digo: “Che. ¿Y si Claudio no viene, te prendes para cruzar los andes?¿Como mucho no llegaremos y tendremos que abandonar? ¡Le brillaban los ojos! Me dijo: “¡Me encantaría! Hace una cosa confirma con este muchacho y avisame.” Y luego de hablar con Claudio, quien confirmaba su imposibilidad de ir al Cruce, y su gran amabilidad para permitirle a mi amigo pagarle la plata de la primera cuota cuando regrese de Bariloche, ya estábamos en camino Nos rompimos el alma entrenando dentro de nuestras posibilidades de horarios. Una contractura en el gemelo de Gerchy y mi talón de Aquiles amenazaban ponernos más palos en el camino. Lejos de agachar la cabeza, continuamos entrenando y agregamos kinesiología. Juntamos plata de donde no teníamos, postergamos salidas y demás para juntar la plata necesaria para comprar la indumentaria necesaria para poder estar presente en la carrera. Consultamos a gente con experiencia en este tipo de carrera, páginas de Internet, Foros, etc para poder aumentar las probabilidades de alcanzar nuestro objetivo. Y así partimos rumbo Bariloche, vía LAN en el vuelo de las 10 50 Hs del miércoles 6 de Febrero de 2008.

Aeropuerto Ya en el aeropuerto se veían las mochilas salomón, las zapatillas de aventura o running, los bastones de trakking, rompe vientos, etc. Todos nos mirábamos disimuladamente, con un dejo de complicidad. Todos nerviosos, con ansiedades y ganas de estar ya en la montaña corriendo. Fue en Bariloche donde me conocí personalmente a muchos de los foristas del kilómetro.com que habían colaborado con sus incansables y desinteresados consejos. Estebita, Ana, El gaucho, Germán. Todos yendo a buscar sus pecheras, números, llevando los containers y esperando junto a sus compañeros el día de la largada.
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5, 4, 3, 2, 1… Y a correr!!!! Si más de una año había esperado ese momento. El paisaje increíble. ¡No había pasado el primer minuto de carrera y ya estábamos con los pies mojados! Nos mirábamos con Gerchy casi sin poder creer que después de tanto esperarlo ahí estábamos. Las primeras dos cuestas durísimas. No se si era el frío o los nervios de la mañana pero no podía levantar las piernas. No sabíamos si correr o sacar fotos. Un paisaje mejor que otro. Tranquilo y a nuestro ritmo seguimos los 30 km del recorrido. Fueron subidas, bajadas, arroyos, suelos muy irregulares repletos de raíces, etc. Pero casi sin darnos cuenta ya habíamos llegado, teníamos los dos Gatorades en las manos y nos encontrábamos a orillas del lago Mascardi.
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Si bien, uno podría creer que había terminado la primera etapa de la travesía, todavía nos quedaba agarrar nuestro container, alzarlo unos 300 metros y armar la fucking carpa. Eso puedo asegurar que era totalmente desgastante. Mas, luego de haber corrido 30 km.
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De algún modo, no me pregunten como, logramos armar la carpa y nos fuimos a deshinchar las piernas al lago. Elongamos junto a viejos compañeros del Nike Running Team, con quienes compartimos largas charlas, comimos y nos fuimos a dormir preocupados. Una molestia en el gemelo de Gerchy se había puesto cada vez peor. Ninguno quería ni hablar del tema. Hacíamos de cuenta que no pasaba nada. Pero nuestra cara reflejaba la preocupación. Solo nos alegraba la sorpresa de saber que habíamos entrado en la posición 160 en la primer etapa.
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6 AM, el chillido del reloj nos levantaba. ¡A desarmar Campamento! Si, no quedaba otra. Se venía la siguiente etapa. Gerchy, ni hablaba de su contractura. Y si el no hablaba yo no le iba a preguntar. Así, empezamos esta etapa. Callados, preocupados, y a un trote firme y despacio. Era la etapa más rápida. 18 kms nos separaban de la llegada.
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Luego de una leve bajada en donde le metimos ritmo, Gerchy habló: “Coco, me esta matando la contractura”. Sabíamos que abandonar era la última alternativa. Ni queríamos pensar en esa posiblidad. Fue en ese momento que terminé de sentir orgullo por mi compañero. Le puso el pecho a la situación. Casi sin poder caminar con pequeñas caminatas para aflojar entre corrida y corrida, siguió dejando todo. Yo no lo podía creer.
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Veía su cara de sufrimiento y los huevos que le ponía y se me inflaba el pecho. ¿La posición? Si caimos a 190 ¿Pero a quien le importa al ver el esfuerzo de tu compañero? Además, a mi tampoco me sobraba mucho. El talón comenzaba a incomodar, las ampollas a aparecer. Preocupación sobraba, pero ni pensábamos abandonar en la última etapa. Y así fue. Después de pasar una noche dura, con mucho pero mucho frío a los pies del tronador, nos levantámos a afrontar la última etapa. En la cabeza de los dos sonaba una frase que había comentado Hugo, y sin querer se había convertido en la frase de cabecera. “El último día tenes que levantarte a buscar la medalla”. El frío no cedía y teníamos que largar. Los primeros tres kilómetros fueron una lucha constante con mi nariz, que no me dejaba entrar el aire a los pulmones y estaba dura del frío. Gerchy a todo esto seguía peleando mano a mano con su pierna. Ya con el sol subiendo y el calor apagando el frio, comenzamos una cuesta de una hora que hicimos a un muy buen ritmo y a puro bastoneo.

Llegamos a la cima y en teoría, solo en teoría, venía una parte sencilla. El descenso. Digo en teoría porque ya las piernas estaban agotadas. Mis ampollas comenzaron a incomodarme demasiado y el agotamiento también. Gerchy que no paraba de luchar con su contractura, recibía una nueva mala noticia. Su rodilla izquierda sobrecargada por intentar alivianar el dolor al apoyar su gemelo, comenzaba a pasarle factura. Y ahí crecimos como equipo. Tuvimos que decidir, o nos jugábamos a mejorar posiciones (lo cual no era nuestro objetivo) y correr el riesgo de no llegar por alguna lesión mayor, o intentábamos llegar (lo cual era nuestro objetivo principal). Obviamente, en una sabia decisión nos inclinamos por lo segundo. En el día mundial del bastoneo, bastoneamos a más no poder hasta bajar al bosque. Ahí emprendimos una marcha lenta de aproximadamente dos horas. Ahí nos cruzamos con un miembro de la organización que nos hizo saber que solo nos faltaban 13 de los 33 Km del último día. Yo estaba totalmente agotado y calculo que Gerchy también. Pero al escuchar que tan solo faltaban 13 km pusimos todo. Aumentamos la marcha, salimos del bosque y comenzamos a escuchar las voces de los corredores que ya habían terminado la competencia. Todos te alentaban. Sabíamos que faltaban solo 3.5 km. Fueron durísimos. Todo en subida. Era emocionante ver a Gerchy trotando con su rodilla izquierda y su gemelo derecho vendados, diciendome “Dale Coco que lo tenemos ya”. Subiamos, subiamos y subiamos. Al costado bajaban los competidores que habían terminado. Alcance a ver a Ana (miembro del foro) bajando con su rodilla lesionada, pero con su medalla en el cuello. Uno de los competidores nos dijo: “Metanle pata que falta un km y medio”. Aumentamos el ritmo. La subida era interminable y llena de curva. De repente a lo lejos apareció el Arco Blanco de llegada. Y finalmente luego de tanta espera, sacrificio, entrenamiento y esfuerzo….el objetivo cumplido. Nadie mas que quien lo haya hecho puede entender ese momento. Esa felicidad inmensa. Esa sensación espectacular que se siente en el pecho cuando se logra lo que una vez fue un sueño. Durante mucho tiempo esperamos e imaginamos ese momento. Una experiencia inolvidable. Donde conocimos muchos personajes y donde vivimos un sin fin de anécdotas. Y como nos prometimos cuando nos levantamos esa mañana, fuimos a buscar la medalla y la conseguimos.
7 comentarios:
me encantó la crónica coquino!
Felicitaciones por haber logrado el objetivo pese a tantas contrariedades! muy bien escrito y muy patente lo que contas. yo lo viví un poco así también!
En mi opinion te falto la remojada. si hubieramos hablado yo te habría contado. el primer campamento (estaba con un esguince machazo en el tobillo derecho, de hecho ahora una semana después, estoy en la pc escribiendo con hielo sobre él). bueno. fuimos al lago, y dijimos con zanetti: no. esto no sirve. demasiado caliente.
entonces nos fuimos al ultimo arroyito que cruzamos antes de llegar a la meta. no al que te calaba los huesos! (el cual si probamos) pero no aguantamos. sino el arrollito que estaba mas adelante. a 1 km de la llegada. ahí enfriamos. elongamos. enfiamos elongamos.. una hora estuvimos. eso cura desincha y las contracturas? las arregla.
y el segundo campamento. aunque estaba helado. curtimos el rio que estaba al lado del campamento. la misma técnica. media hora de remojo por reloj hice. jajaja. como disfrutaba ! la gente venía a vernos! lo que pensarían!
felicitaciones por lograrlo!
LO QUE SI: NOS ESTÁS METIENDO EL PERRO CON LAS FOTOS! LA FOTO NUMERO 6 NO ES DEL SEGUNDO DÍA NI AHÍ! O ES DEL TERCERO O DEL PRIMERO! TE APUESTO LO QUE SEA! QUE VERGUENZA! QUE VERGUENZA!!!
Jjeeejeje. No juro que la foto es la llegada del segundo del segundo Día!! Che me quede con ganas de ir al asado, pero estabamos en bondi. Ojala podamos hacer un reencuentro en baires, compartir fotos, ver el dvd si es que lo entregan y demas.
Saludos Estebita y gracias por postear
cokino amigo!!!!! que aguante te felicito pone tu cronica en el km
Cokino Capo! Muy linda cronica. Ademas fui vivendo con vos dia a dia tu emocion (y la nuestra). Te mando un abrazo. Cuando tenga algunas fotos las subo. Yo llegue recien ayer y ando aun medio complicado con el regreso. Abrazoooo (RubRunner)
Gracias RubRunner!! Yo me cague de risa con los dos. A la noche les mando las fotos que la rompen.
Y ustedes como llegaron?
qu lindos recuerdos cokino!
te re felicito!
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